Ladakh: viaje fotográfico a uno de los lugares más remotos del mundo.
Ladakh es un lugar como ningún otro. La belleza de esta región del norte de la India no se puede expresar con palabras. Sus paisajes áridos, rocosos e inmensos situados en la meseta de la cordillera del Himalaya cortan la respiración. Literalmente. Pero Ladakh es mucho más, porque Ladakh es un auténtico tesoro para los amantes de la fotografía de viajes.
Ladakh sorprende al visitante con sus inmensos valles, sus montañas escarpadas cubiertas de nieves eternas y grandes ríos. Una tierra salpicada de aldeas pintorescas y de monasterios colgados en las montañas sobre riscos imposibles. Una región poblada por gentes que parecen venidas de otra época y etnias que sobreviven casi aisladas al paso del tiempo y de las civilizaciones. Gentes que comparten un fuerte sentido de la hospitalidad y que siempre dan una bienvenida calurosa al extranjero.
Ladakh es un destino cargado de historia, cultura, arquitectura y paisajes que convierten a Ladakh en todo un sueño para cualquier fotógrafo entusiasta de los viajes. Sobre todo, si se tiene la ocasión de presenciar algunas de las ceremonias más importantes del calendario budista rodeados de paisanos, creyentes y peregrinos. O si se tiene el privilegio de poder visitar las gompas budistas con siglos de historia a sus espaldas. Y compartir con los monjes las ceremonias diarias, su desayuno, la lectura de los libros sagrados o sus rezos a lo largo del día.
Si crees que hay que ser un experto en budismo para viajar a Ladakh, te equivocas. Aquí te cuento mi experiencia Viajando a Ladakh sin tener ni idea del budismo tibetano
Pero si además te interesa la etnografía y retratar a la gente, vas a caer totalmente prendado de este lugar único en el mundo. Sin duda su diversidad étnica es uno de los grandes tesoros culturales y humanos de Ladakh. Es increíble que en un lugar tan remoto, aislado y geográficamente no muy extenso, haya tal variedad de gentes.
¿Que no me crees? Pues mira el artículo que le he dedicado. Ladakh: retratos en los confines del Himalaya.
Ladakh: vivencias únicas en dos semanas de viaje
Es difícil resumir en unas pocas palabras un viaje de dos semanas tan intensas, plagadas de momentos especiales y de experiencias inolvidables. La mejor época para visitar Ladakh coincide con la estación seca durante la primavera, entre abril y junio. Los días pueden ser calurosos, pero las noches son frescas y agradables. De julio a septiembre el monzón puede provocar cortes de carreteras puntuales y el desbordamiento de algunos ríos. Durante el invierno la mayor parte de los puertos de alta montaña permanecen cerrados por la nieve y resulta casi imposible moverse por la región.
Como habrás supuesto, viajar a Ladakh conlleva una serie de trámites entre los que no pueden faltar el Pasaporte con validez de 6 meses o el Visado para viajar a la India. Y por supuesto, un seguro de viaje que cubra cualquier percance en un lugar tan remoto como Ladakh.
Junio coincide además con la celebración de algunos de los festivales budistas más importantes. Así fue como al día siguiente de aterrizar en el aeropuerto de Leh, la capital de la región, vivimos el festival de Saka Dawa en la gompa de Tingmonsgam. Posteriormente visitamos los impresionantes monasterios de Hemis y Thiksey, éste último levantado a imagen y semejanza del palacio de Potala en Lhasa, la capital del Tibet.
Cualquier imagen que veáis sobre Ladakh no alcanza a reflejar la belleza de estos monasterios enclavados en lugares con unas vistas privilegiadas. Muchos de ellos ocultan auténticas joyas del arte budista, con pinturas murales de siglos de antigüedad. O salas de varios plantas ocupadas por budas gigantes, como el Maitreya del Palacio Basgo o el del monasterio de Thiksey.
Recorrimos el aislado valle del Nubra tras cruzar el Khardung La, el paso por carretera más alto del mundo a 5359 m. de altura. Allí visitamos varios monasterios budistas tibetanos con siglos de antigüedad, como el de Diskit. Nos acercamos hasta Turtuk, la región de mayoría musulmana más próxima a la frontera con Pakistán, donde el turismo hindú ya está llegando de forma masiva. Más adelante nos aventuramos a pasar unos días con los brokhpa, una etnia que vive casi aislada en los remotos valles del Indo, en la que fue una de las mejores experiencias de este viaje.
Y hablando del viaje, este fue un viaje organizado por Phototravel. Seguramente es la mejor agencia de España dedicada a hacer viajes fotográficos a destinos muy especiales. Con ellos he viajado al increíble valle del Omo, en el sur de Etiopía, en un inolvidable viaje etnográfico, y al fascinante y muy poco conocido norte de Pakistán.
Pero siguiendo con este viaje por Ladakh, nuestro siguiente destino fue el remoto valle de Zanskar. Tras nuestra estancia con los brokhpa pasamos 2 días de viaje atravesando fantásticos paisajes de montaña por carreteras imposibles. Bordeamos grandes barrancos y ríos en pleno deshielo, cruzamos aldeas perdidas y pequeños valles con cuidados campos de cultivo hasta que llegamos a Padum, la principal población del valle de Zanskar.
Trekkings en el Himalaya y festivales budistas
Padum es el punto de partida de uno de los trekking más impresionantes de Ladakh. Su meta es llegar a uno de los monasterios budistas más aislados de Ladakh, el de Phuktal, aferrado en la ladera de una montaña a unos 5000 m. de altitud. Uno de los pocos monasterios que permanecen tan aislados que sólo se puede llegar a pie. Sin duda este fue uno de los días más duros físicamente hablando. Pero de los más intensos del viaje, pues llegar a los pies de este monasterio te hace sentir muy especial.
Nuestra estancia en el valle de Zanskar nos sirvió para vivir momentos inolvidables en las gompas de Karsha y Stongdey; o para disfrutar de la hospitalidad de la gente del valle que nos invitó a la fiesta por la llegada de una nueva imagen de Buda. En el largo viaje hacia Lamayuru dejamos atrás el macizo del Nun (7135m.) y el Kun (7077m.), los picos más altos de Cachemira y Ladakh, en plena cordillera del Himalaya; o el glaciar Darán Dru.
Los últimos días en Ladakh los dedicamos a vivir el festival anual de Lamayuru, uno de los más importantes del budismo tibetano. La gompa de Lamayuru, abarrotada de gente de la región y peregrinos venidos desde tierras lejanas, se convirtió en el epicentro de una sucesión de ceremonias y bailes de máscaras. Los conocidos como bailes cham representan la eterna lucha entre el bien y el mal. Una lucha donde, por supuesto, pierden los malos espíritus.
El Festival de Lamayuru fue el remate perfecto de un viaje inolvidable, de una sucesión de momentos únicos, vivencias y experiencias que sólo podrás vivir aquí, en Ladakh. En uno de los lugares más remotos del mundo.
Muy pronto publicaré nuevos artículos acerca de Ladakh. Y tendréis más información acerca de sus festivales, sobre la vida en las gompas budistas, sobre la etnia de los brokhpa o sobre la vida diaria en esta tierra de gran belleza, pero durísima para sus habitantes.
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